Tenemos entre manos otro juego para portentosos que no padezcan del corazón. Se trata de una especie de ruleta rusa pero con cargas de profundidad. Me explico, todo lo que usted y sus presuntos amigos necesitan es: 6 vasos, 6 hígados, 1 dado.
Ni más, ni menos. Coloquen los vasos en fila india o de conga y dispónganse para disparar...
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El procedimiento es muy sencillo, ésta es la preparación:
Disponga un vaso tras otro, en fila, y numéralos del 1 al 6. Podemos comenzar de dos formas: bien o mal. Con coraje o con miedo. Dicho de otro modo: con los vasos llenos o vacíos. En el caso de que seas un borracho temerario, ésta es la cantidad a rellenar en cada uno de los 6 vasos:
Llene un culín de bebercio en el primero, un cuarto de vaso en el segundo, la mitad del tercero, tres cuartos del cuarto, casi lleno el quinto y llena último vaso.
Ahora dilo de carrerilla con dos hielos en la boca. Tal y como tu suspicaz mente habrá podido imaginar esta disposición de relleno conlleva una especie de escalera de kalimotxcho o del bebercio que tengamos entre manos. ¡Qué precioso panorama!

El proceso de juego es el siguiente: El jugador en cuestión lanzará el dado con un movimiento brusco de muñeca y observará impaciente el número obtenido. Como debiera tratarse de un dado de 6 caras, es probable que salga un número ubicado entre el 1 y el 6. ¡¡¡Pues ése es tu vaso!!! Si contiene sustancia ingerible, procede a beberla y vuelve a tirar para comprobar cual es tu próximo vaso. Si tienes la suerte de que el vaso está vacío porque ha sido ingerido con anterioridad por otro jugador, rellénalo con su cantidad correspondiente (un cuarto, medio, etc) y pasa el turno. ¡Te libraste!
En resumen; si hay algo te lo bebes y si está vacío lo rellenas con lo que toque y pasas el marrón al próximo jugador. Y ¡SÍ! el sexto es el vaso de la Bestia y duele mucho cuando te toca beberlo. Sobretodo teniendo en cuenta que sigues tirando.
¡Y ya está! Este proceso puede continuar hasta el ocaso de los tiempos, muerte súbita de todos los jugadores y/o/u cierre del bar.
Pero recuerda: ¡Las drogas son cosa sucia!